Didáctica Para la Disolución del Yo

El objetivo de esas prácticas es llegar a cristalizar alma en nosotros. ¿Qué se entiende por “Alma”? Por “Alma” se entiende ese conjunto de cuerpos, atributos, poderes, virtudes, cualidades, etc., que subyacen en el Ser.
Los Evangelios dicen: “En paciencia poseeréis vuestras Almas”… Hoy por hoy, nosotros no poseemos nuestras Almas; antes bien, el Alma nos posee. Somos una carga pesada para eso que se llama Alma, un fardo realmente abrumador.
Llegar a poseer Alma, es un anhelo; ser dueño de nuestras propias Almas, es formidable. Aún más, el mismísimo cuerpo físico debe llegar a transformarse en alma.
Quien posee su Alma, dispone de Poderes extraordinarios. Aquellos que han llegado a cristalizar Alma, se han convertido, por tal motivo, en criaturas absolutamente diferentes. Y esto está escrito, como testimonio, en los Libros Sagrados de todas las Religiones del mundo.
Pero bien sabemos que si el “agua no hierve a cien grados”, no cristaliza lo que debe cristalizar y no se desintegra lo que debe desintegrarse. Así que, en todo caso, se necesita que el “agua hierva a cien grados”. Obviamente, si no pasamos por grandes crisis emocionales, tampoco podemos lograr cristalizar Alma. Para la disolución radical de cualquier agregado psíquico inhumano se necesita pasar, indubitablemente, por muy graves crisis emocionales.
He conocido gentes extraordinarias muy capaces de pasar por tales crisis. Me viene a la memoria el caso de cierta hermana gnóstica de la Sede Patriarcal de México, quien pasara por tribulaciones espantosas, por horribles crisis morales, al recordar graves errores de sus vidas anteriores.
Gentes así, con esa tremenda capacidad de remordimiento, personas así, tan capaces para pasar por tan gravísimas crisis emocionales, obviamente pueden cristalizar Alma; y lo que nos interesa a nosotros es precisamente eso: La Cristalización de todos los Principios Anímicos en nosotros mismos, aquí y ahora…
En el Oriente hay instructores que desafortunadamente, no han eliminado todo ese conjunto de elementos indeseables que se llevan en la psiquis. No está de más decirles a ustedes, para su información, que a los citados “elementos” se les denomina en el Tíbet, “agregados psíquicos”. En realidad, tales agregados son los mismísimos Yos o Yoes que personifican a nuestros errores.
Cuando un instructor de ésos (que todavía no ha eliminado los agregados psíquicos), tiene a su cargo un grupo de Lanús o discípulos, incuestionablemente, estos tienen que tener una gran paciencia, aguantarle todo el día, al citado instructor, sus patanerías, sus groserías, etc. Bien saben los Lanús o discípulos (o Chelas que se dice tanto en el Tíbet), que tales Agregados van pasando en procesión continua por la Personalidad del instructor, pero que al fin habrá un instante en que la procesión habrá de terminar, y entonces podrá expresarse el Maestro para dar la Enseñanza.
Ésa es la causa causorum por la cual los discípulos de cualquier instructor de esos que todavía no ha eliminado el Ego, tiene paciencia elevada hasta el máximo, multiplicada hasta el infinito.
Esta clase de Chelas tienen que aguardar y aguardar y aguardar a que en cualquier instante el Maestro, al fin, tome posesión de su vehículo y les de las Enseñanzas, ¿Enseñanzas adquiridas, a qué precio? No es nada delicioso estar aguantándole, todo el día, insultos al instructor, ser víctima de todas sus patanerías. Pero al fin llega el Maestro, y eso es lo que importa…
Sí, se trata de Bodhisattvas caídos, estos no han disuelto el Ego; pero como quiera que son Bodhisattvas, hay que aguantarlos hasta que venga el Maestro y de la Enseñanza. Así piensan todos esos Lanús o Chelas Tibetanos…

El Agregado Psicológico

Prosiguiendo con estas disquisiciones filosóficas, diremos, que cada agregado psíquico es como una persona dentro de nosotros. No hay duda de que estos agregados poseen los tres cerebros: el Intelectual, el Emocional y el Motor-Instintivo-Sexual; es decir, cada Yo o agregado (que es lo mismo, entre paréntesis), es una persona completa. Cada Yo, cada agregado, tiene su criterio propio, individual; tiene sus ideas, sus conceptos, sus deseos; realiza determinados actos, etc.; goza (en ciertas cosas) cada Agregado, de cierta autonomía.
Miradas las cosas desde este ángulo, estudiadas a fondo, llegaremos a la conclusión lógica e inevitable, de que dentro de nuestra persona habitan muchas personas. Lo más grave es que todas éstas riñen entre sí, se pelean por la supremacía; cada cual quiere ser el amo, el señor.
¿A qué se parecería nuestra casa interior? Yo diría que a una horripilante mansión, donde hubiera muchos criados y cada cual se sintiera el “señor”. Es claro que, mirada tal casa a la luz de estos razonamientos, resulta espantosa en el fondo.
Lo curioso del caso son, precisamente, los conceptos que se forjan cada uno de los “señores de la casa”. El uno dice: “¡Voy a comer, tengo hambre!”. Después entra un segundo en conflicto y dice: “¡Al diablo con la comida, yo voy a leer el periódico!”. Surge más allá, un tercero en conflicto, y, en forma irrevocable, dice: “¡Qué comida ni qué lectura, voy a la casa de mi amigo fulano de tal!”.
Dichas estas palabras, incongruentes todas, la humana Personalidad (movida por este resorte íntimo), abandona, pues, la morada, para irse por ahí, por esas calles de Dios.
Si nos pudiéramos ver de cuerpo entero, tal como somos, ante un espejo, puedo asegurarles de que quedaríamos perfectamente locos. Estamos todos, llenos de horripilantes contradicciones, esto es nefasto para todos; no tenemos, verdaderamente, existencia real.
Al nacer, somos hermosos. ¿Por qué? Porque todos disponemos de un 3% de esencia libre (como lo dije en mi obra titulada “Psicología Revolucionaría”). El 97% restante, está enfrascado entre la multiplicidad del Ego. Eso que hay de elemento libre, impregna al huevo fecundado, surge a la existencia, reincorporado nuevamente.
Así que el niño recién nacido posee eso, precisamente: Un 3% de Conciencia libre, no embutido entre ningún Ego. El porcentaje de Esencia, manifiesto en un niño, es autoconsciente.
¿Cómo vería un recién nacido a los adultos: A sus padres, a sus hermanos, a sus parientes? En la misma forma en que ustedes ven a un “marihuanero”, así y no en otra forma. Pero vean ustedes cómo los adultos se sienten hasta con autoridad para educar al niño (creen ellos que pueden educarlo). El niño, a su vez, se siente mal, completamente mártir, víctima de esos “marihuanos” que quieren enseñarle.
Él los ve desde su propio ángulo: Está despierto, percibe los agregados psíquicos de sus genitores, de sus parientes, de sus hermanos. También suele percibir a sus propios Agregados, que entran y salen del recinto, que dan vueltas alrededor de la cuna, etc…
A veces las visiones son tan espantosas, que el niño no puede menos que llorar aterrorizado; los genitores, los padres no entienden estas “ocurrencias” del infante. A veces acuden al médico; en el peor de los casos se van en busca de los Espiritistas a ver si por ahí hay algún Espiritista o algún médium de mal agüero le logra arreglar el caso. ¡Ése es el estado insólito en que vive la humanidad doliente!
En todo caso, el pobre infante es víctima de todas esas locuras de los mayores. Él, con paciencia, no le queda más que soportar el látigo de los verdugos. ¡Ésa es la cruda realidad de los hechos!
Posteriormente, cuando ya la humana Personalidad está formada en verdad, comienza a entrar (en el cuerpo del infante) todos esos agregados psíquicos, inhumanos, que le pertenecen.
Entonces se notan cambios en la criatura: Se vuelve “berrinchuda”, molestosa, celosa, irancunda, etc., etc., etc., y otras tantas hierbas. Es lamentable esto, ¿verdad? Pero así es.
Y al fin, cuando el que era niño se volvió adulto, las cosas cambian: Ya no es aquel niño juguetón autoconsciente) de otros tiempos; no, ahora es el bribón de la cantina, el negociante, el lujurioso, el hombre celoso, etc., y en fin, se ha convertido en eso que el niño miraba con horror.
Es claro que la criatura se horrorizaba al ver al adulto; ahora el niño se ha vuelto adulto, y lo peor del caso es que se le ha dormido la conciencia, ya no es capaz de mirarse con horror a sí mismo….
En realidad de verdad, hermanos, cada uno de los agregados psíquicos que surge en nosotros, tiene determinados compromisos. Podríamos decir, sin exageración alguna, que el ladrón (por ejemplo) lleva dentro de sí mismo una cueva de ladrones, cada uno de ellos con distintos compromisos, en distintos días, horas y lugares; que el fornicario irredento carga en su interior (para colmo de los colmos) una casa de citas; el homicida, obviamente, lleva en su psiquis un “club de asesinos” (claro, cada uno de estos, en el fondo, tiene sus compromisos); el mercader, en su interior, lleva una plaza de mercado, y así sucesivamente…

La Ley de Recurrencia

Mas, ¿cómo se teje y desteje nuestro propio destino? Mucho dijo Gurdjieff sobre la ley de recurrencia. Ouspensky, Collins, Nicoll, etc., comentaron tales afirmaciones. Mas nosotros, en el terreno de la investigación, hemos ido más lejos. Conocemos a fondo la mecánica viva de la Ley de Recurrencia, y esto es muy importante…
Un sujeto X-X, por ejemplo, que en una pasada existencia fuera, dijéramos, adúltero (que hubiese dejado a su mujer por otra dama), es claro que, al renacer, trae en su psiquis al Yo del adulterio, al mismo que cometiera el delito. Éste, no podrá expresarse en los primeros años de la infancia, ¡imposible!
Si el suceso fue a la edad de 30 años, por ejemplo, indubitablemente el Yo de aquel adulterio aguardará en el fondo de la psiquis (dentro del terreno de lo infrahumano, en las Esferas Subjetivas), a que llegue la edad consabida de los famosos 30 años. Cuando esa edad llegase, aquel Yo resurgirá (desde el fondo) con gran fuerza, se apoderará del Intelecto y del Centro Emocional, y del Centro Motor-Instintivo-Sexual de la Máquina, para ir a buscar a la dama de sus ensueños…
Antes, se habrá puesto en contacto telepático con el Ego de aquella dama; posiblemente hasta se habrían dado cita en cualquier lugar (tal vez en un parque de la ciudad o en una fiesta). Y es obvio que viene después el reencuentro. Pero lo interesante es ver cómo ese Ego sumergido puede jalar al Intelecto, mover los Centros Emocional y Motor de la Máquina, y llevarse la Máquina, precisamente, al lugar donde tiene que encontrarse con la dama de sus ensueños. Pero inevitablemente, el mismo proceso se realizará en ella, y la escena se repetirá otra vez, tal como sucedió.
Supongamos que un caballero X-X en una cantina se peleó en la pasada existencia con otra persona, con otro hombre, por tal o cual motivo, posiblemente baladí. ¿Creen ustedes que por el hecho de que el cuerpo físico deje de existir, aquel Yo va a desaparecer? ¡Pues no!; simplemente continuará en la Dimensión Desconocida.
Pero al renacer el Ego, al retornar, al volver a tomar un nuevo cuerpo, llegará el momento en que podrá entrar en actividad; aguardará la edad en que sucedió el hecho en la pasada existencia.
Si fue a los 25 años, aguardará aquellos consabidos 25; el permanecerá en el fondo de la psiquis (entre tanto), y cuando llegase el momento, obviamente se apoderará de los Centros de la Máquina para repetir la “hazaña”…
Antes, se habrá puesto en contacto telepático con el otro X-X sujeto, y se habrán dado cita, posiblemente en otra cantina. Allí, al mirarse, se reconocerán a través de los rostros, se herirán mutuamente con la palabra y el hecho se repetirá…
Vean ustedes pues, cómo por debajo de nuestra zona concientiva y de nuestra capacidad razonativa, se realizan distintos compromisos. Así es como la Ley de Recurrencia trabaja, ésa es la mecánica de tal Ley.
Claro está que, miradas las cosas de este modo y de esta manera, no tenemos, en verdad, lo que podríamos denominar “libertad total”, “libre albedrío” (es muy poco el margen que tenemos de libre albedrío). Imaginen ustedes un violín entre en un estuche. El pequeño margen que puede haber entre el violín y el estuche, casi mínimo, nos daría una idea del pequeño margen de libertad que nosotros poseemos.
En realidad de verdad, estamos metidos dentro de la mecánica de la Ley de Recurrencia, y esto es lamentable por cierto…
Un hombre es lo que es su vida; si un hombre no trabaja su propia vida, ese hombre está perdiendo el tiempo miserablemente. ¿De qué modo podríamos nosotros libertarnos de la Ley de Recurrencia? Pues, trabajando nuestra propia vida.
Incuestionablemente, nuestra propia vida está compuesta de comedias, dramas y tragedias.
La comedia es para los cómicos; los dramas para las personas normales, comunes y corrientes; y las tragedias para los perversos…
En los Misterios de antaño, no se aceptaba a ningún trágico. Se sabía que éste era castigado por los Dioses, y obviamente el Guardián le rechazaba con la punta de la espada…
Que necesitamos disolver los yoes ¡Eso es lógico! Éstos son los “actores” de las comedias, dramas y tragedias. ¿Podría, acaso, haber una comedia sin cómicos? ¿Podría existir un drama sin actores? ¿Creen ustedes que podría desarrollarse, en cualquier escenario del mundo, alguna tragedia sin trágicos, sin actores? Obviamente que no, ¿verdad? Entonces, si queremos cambiar nuestra propia vida, ¿qué debemos hacer? No nos queda más remedio que disolver a los “actores” de comedias, dramas y tragedias.
¿Y quiénes son esos “actores”, dónde viven y por qué? Yo les digo a ustedes, en verdad, que esos “actores” son del tiempo, en realidad, cada uno de esos “actores” viene de antiguas edades.
Si decimos que “el Yo es un libro de muchos tomos”, estamos asegurando una gran verdad; si afirmamos que “el Ego viene de muchos ayeres”, es cierto. Entonces, el ego es tiempo, los Yoes personifican al tiempo: Son nuestros propios defectos, nuestros propios errores, contenidos en el reloj del tiempo; son el polvo de los siglos, en el fondo mismo de nuestra psiquis.

El Método para Disolver el Ego

Cuando uno conoce la didáctica precisa, para la disolución de esos elementos indeseables que se lleva adentro, consigue insólitos progresos. Se hace indispensable, urgente, inaplazable, conocer con exactitud la didáctica. Sólo así es factible la desintegración de esos elementos indeseables que se llevan dentro…
En alguna ocasión, nació en la Atlántida un Iniciado. Ese hombre se desenvolvió en un hogar delicioso, donde solamente reinaba la armonía, la amistad, la Sabiduría, la riqueza, la Perfección, el Amor. Mas llegó el momento en que aquél hombre, a través de las diversas técnicas y disciplinas de la Mente, consiguió el autodescubrimiento. Entonces, con horror, se dio cuenta de que llevaba en su interior elementos abominables; comprendió que necesitaba de un “gimnasio” especial, de un gimnasio psicológico, y es claro que en aquél ambiente de perfecciones, no existía tal “gimnasio”.
No le quedó más remedio que abandonar la casa, la casa de sus padres, y situarse por ahí, en los suburbios de cualquier ciudad Atlante (se creó a sí mismo, el Gimnasio Psicológico, un “gimnasio” que le permitió el autodescubrimiento de sus propios defectos). Claro, desintegró los agregados psíquicos y se liberó.
En verdad, mis estimables hermanos, que las peores adversidades nos ofrecen las mejores oportunidades. Constantemente llegan a mí, cartas de distintos hermanitos del Movimiento Gnóstico Internacional: Unos se quejan de su familia, de su papá, de su mamá, de sus hermanitos; otros protestan contra la mujer, contra los hijos; aquéllas hablan con horror de su marido, etc., y piden, naturalmente, un bálsamo para consolar su adolorido corazón…
Hasta ahora, entre tantas cartas, no he visto una (siquiera) de alguien que esté contento con tales situaciones tan adversas. Todos protestan, y eso es lo lamentable. No quieren el Gimnasio Psicológico; antes bien, quisieran huir del mismo, y a mí (como Instructor) no puede darme menos que dolor. Digo: “¡Pobres gentes, no saben aprovechar el Gimnasio Psicológico, quieren un Paraíso, no quieren entender la necesidad de las adversidades, no quieren sacar partido de las peores oportunidades; en verdad que no desean el autodescubrimiento!”…
Cuando uno quiere autoconocerse, obviamente necesita de rudos gimnasios. Porque es en esos “gimnasios del dolor” donde los defectos que uno lleva escondidos afloran inevitablemente.
Defecto descubierto en tales situaciones, debe ser trabajado profundamente y en todos los niveles de la Mente. Cuando uno, en realidad de verdad, ha comprendido tal o cual error de tipo psicológico, está listo, ciertamente, para la desintegración.
Los solteros, como quiera que no poseen el Vaso Hermético, es obvio que tampoco pueden trabajar en la Novena Esfera. Mas sí pueden, de todas maneras, apelar a Dios-Madre, a Stella Maris (la virgen del mar), a ese Fuego viviente y filosofal que se haya latente en toda materia orgánica e inorgánica (“Kundalini”, se llama en el Indostán).
Si uno apela a ese tipo de Energía, si concentra su corazón y su Mente y sus sentimientos más profundos en ella, será asistido. Estoy seguro que ese ígneo poder, podrá reducir a cenizas, a polvareda cósmica, el agregado psíquico en cuestión.
Ahora bien, conviene saber que el Poder Serpentino-Anular que se desarrolla en el cuerpo del asceta gnóstico, multiplica su poder mediante la Fuerza Electro-Sexual, precisamente en la forja de los cíclopes.
Por todos estos motivos, la mujer que tiene varón, o el hombre que tiene Sacerdotisa o mujer, podrán trabajar realmente, y a fondo, precisamente durante la Cópula Química, entonces sólo les basta la debida concentración en Devi Kundalini (ella es la Cobra Sagrada de los antiguos Misterios), y claro que reforzada con el Poder Eléctrico del sexo, con la Electricidad Sexual trascendente), puede, en realidad de verdad, aniquilar, pulverizar, reducir a ceniza, en forma muy rápida, cualquier agregado psíquico inhumano que previamente hayamos comprendido.
En todo caso, mis estimables hermanos, antes que todo, se necesita descubrir el defecto que vamos a reducir a polvo. Tal defecto no podría ser descubierto, si no usáramos el sentido de la autoobservación psicológica.
Cualquier situación adversa nos ofrece riquísimas oportunidades. Desafortunadamente, las gentes quieren huir de las situaciones adversas; protestan, en vez de dar gracias, pues, al Padre por tan brillantes ocasiones. Hay Gimnasios Psicológicos de duro, muy duros, dificilísimos (imposibles o cuasi imposibles), empero mientras más difícil sea el gimnasio, tanto mejor para el autodescubrimiento.
Supongamos que tuvimos que pasar por una situación de celos. Que alguien, X-X, encontrara de pronto a su esposa, platicando muy quedito, muy quedito, en cualquier rinconcito de la casa, con otro sujeto. ¡Nada agradable pues, aquel evento, ¿no es verdad?; pero magnífico para el Autodescubrimiento! Posiblemente, durante el hecho, surgirán no solamente los celos; posiblemente hubo ira (reclamos a la mujer), tal vez “despecho”; el Yo del amor propio, pudo haberse sentido herido, ofendido, porque se quiere tanto a sí mismo. En fin, ¿qué hacer? Muy tranquilos, en la noche, acostado en nuestra cama en decúbito dorsal (es decir, boca arriba), con el cuerpo relajado, con los ojos cerrados, respirando rítmicamente, debe reconstruirse la escena, tal como sucedió.
Entonces, visualizando, recabaremos datos psicológicos: Hallaremos al Yo de los celos, como primera causa; segundo, al de la tremenda ira; tercero, el del amor propio, herido mortalmente. Descubiertos esos tres, que en la escena entraron en acción, habrá de dárseles “trabajo” de inmediato, habrá que disolverlos. Una vez comprendidos, no queda más remedio que reducirlos a cenizas. Se entrará a trabajar en todo caso de inmediato, ya en la novena esfera, o posiblemente solos…
Claro que sobre esto que hablo, en esos momentos nadie tiene ganas de trabajar en la Novena Esfera; está tan ofendido que lo único que le convendría sería un buen baño y darse un kilo de jabón, a ver si así se le pasa. Pero si a pesar de todo logra tener cierto autodominio como para trabajar en la Forja de los Cíclopes, tanto mejor.
Ése es el proceder: Invocar, precisamente, durante el Coito Químico a la Kundalini Shakti; suplicarle, primero, elimine ese asqueante monstruo de los celos; segundo, después de haber trabajado a fondo el de los celos, allí mismo siga con el de la ira (hay que reflexionar en el de la ira, no en el de la ira en abstracto, sino en el de la ira específica, como esa que sentimos es esa escena de celos); hay que suplicarle a laKundalini-Shakti, que vuelva polvo a tal monstruo; tercero, al del amor propio.
Ciertamente, la gente se quiere demasiado a sí misma; ese Yo del amor propio está muy arraigado en todo el mundo: Si nos dan palmaditas en el hombro, sonreímos deliciosamente; si nos dicen alguna palabrita humillante, nos volvemos serios y terribles. ¡Ese Yo del amor propio hay que aniquilarlo! Es el tercero que habría que cargarle, en ese momento, todo el Poder de la Divina- Shakti.
Proseguir en subsiguientes días o noches el mismo trabajo, hasta que los tres “colegas” de tal escena, tan fatal, fuesen aniquilados…
Pero, vean, es de la vida práctica de donde debemos sacar el material para la destrucción del Ego. Yo veo que los hermanos tienen tendencia (por lo que he oído, ahora) a escaparse de la vida práctica; quieren disolver el Ego huyendo de la vida práctica, lo cual es manifiestamente absurdo.
Recuerdo, cuando estaba en el Trabajo de disolución del Ego, que en cierta ocasión, un hijo mío cometiera un error absurdo. Tal error, cual fuera el de atropellar con su carro a otra persona, a un obrero, ciertamente me costó determinada suma (una “mordida”, entre paréntesis, tuve que dar la “mordida”), unos 2.000 pesos para el obrero herido y otra cantidad para la policía. Así evité que ese pobre muchacho fuera a dar, pues, a la cárcel.
Pero ahí no termina la cuestión. La realidad fue que cuando hube de ir a cancelar la deuda, el hijo aquél, en vez de agradecer, protestaba con cierta violencia. Él no estaba de acuerdo en que yo le diera esos 2.000 pesos al pobre e infeliz obrero, pero a mí me pareció justo que debía dárselos, y se los di.
En la protesta hubieron palabras, si no por los menos de carácter grotesco, sí bastante ingratas.
Ira no sentí, debido al hecho de haberla disuelto; cierto dolor en el corazón, sí. De inmediato me entregué a la meditación, para saber en qué consistía ese dolor que había sentido en el corazón, y pude verificar, claramente, el crudo realismo de un Yo del amor propio que había sido herido…
Como quiera que el sentido de la Autoobservación psicológica lo tengo bien desarrollado, no me fue difícil percibir, en forma directa, tal Yo (le hallé, ciertamente, bañándose muy feliz, en un patio con aguas negras). De inmediato lancé algunas cargas de Electricidad Sexual Trascendente, contra el desdichado. Lo trabajé por unos días, y al fin se fue reduciendo poco a poco (hasta tomar la forma de un niño), y siguió reduciéndose, hasta volverse polvareda cósmica…
Así es como se trabaja, mis estimables hermanos. ¿Pero de dónde saque yo el material para trabajar? De un hecho concreto claro y definitivo. Pero veo en los hermanos la tendencia a escapar, a huir de los hechos prácticos de la vida, y eso es absurdo, completamente absurdo.
En alguna otra ocasión (y me gusta, entre paréntesis, dar ejemplos vividos, con propósitos de orientación colectiva), estoy yo muy afectado con cierta irritabilidad, por palabras de aquel hijo, que no eran por cierto muy hermosas. Mantuve siempre control sobre mi mente y nunca “exploté”, jamás rasgué mis vestiduras. En verdad, esto fue un triunfo, pero no hay duda de que allá dentro, muy adentro, no dejaban de producirse algunas reacciones nada agradables.
Cuando exploré eso con el sentido de la Autoobservación psicológica, con gran asombro descubrí un Yo muy fornido, muy robusto, bastante gordito por cierto, peludo, como un oso, andando por el corredor de mi vieja casona señorial… “¡Ah, cuán escondido estabas, condenado -le dije-; ahora sí que te voy a dar «chicharrón»; ya conmigo no puedes, te amolaste!”…
Conclusión: Apelé a Devi-Kundalini Shakti. Conforme lo trabajaba, iba perdiendo aquel monstruo volumen, se iba empequeñeciendo en forma didáctica, y a medida que se empequeñecía, se embellecía también. Al fin, parecía como un niño muy hermoso, hasta que un día la Divina Madre Kundalini, vean, “le dio chicharrón, lo decapitó…
Lo cierto, pues, es que posteriormente se redujo a polvo, no quedó nada del mismo. Pero eso sí: Me dediqué de lleno a acabarlo, a trabajarlo de día y de noche, a todas horas y a cada momento, hasta que dejó de existir…
El sentido de la Autoobservación psicológica se va desarrollando, y se irá desarrollando en cada uno de ustedes, conforme lo vayan usando (no olviden que sentido que no se usa se atrofia).
Un día llegará en que el sentido de Autoobservación psicológica en ustedes, se habrá desarrollado de tal manera que podrán percibir, lo mismo que yo, a tales agregados psíquicos indeseables. Aún más: Podrán darse cuenta del resultado del trabajo sobre tales Agregados…

La Luna Psicológica

En nombre de la verdad tengo que decirles, que así como allá en el firmamento existe una Luna, así también, mis queridos hermanos, dentro de nosotros hay una luna psicológica.
Así como la Luna que brilla en el firmamento tiene dos caras (la que se ve y la que no se ve), así también dentro de nosotros, la Luna Psicológica tiene dos aspectos: Aquél que es visible a simple vista, mediante el sentido de la Autoobservación psicológica, y aquél que a simple vista no es visible (el oculto, el desconocido, el incógnito). Sin embargo, éste último se torna visible cuando el Sentido Psicológico se ha desarrollado hasta el máximo.
Creo que los hermanos van entendiendo, pues, todas estas cosas, creo que van comprendiendo…
Ahora tienen ustedes que lanzar, toda la carga, contra los agregados psíquicos de la parte visible de su Luna Psicológica. Mucho más tarde, en el tiempo, habrán de lanzarse, lanza en ristre, contra los elementos indeseables de la Luna Negra (esos que a simple vista no se ven).
Muchos Santos lograron aniquilar los agregados psíquicos de la parte visible de su Luna Psicológica, más nunca supieron nada sobre los elementos indeseables de la otra cara de su Luna, y aunque se sumergieron en el Nirvana, o en el Mahaparanirvana, hubieron de retornar más tarde, continuar su trabajo con la cara oculta de su Luna Psicológica.
En todo caso, ya se trate del aspecto meramente visible de la Luna Psicológica, o de la oculta, los “elementos” para el trabajo tenemos que encontrarlos en los hechos concretos de la vida práctica.
Así que no se me escapen, no traten de evadirse de la vida real. Deben ser más prácticos, si es que quieren, en verdad, desintegrar el Ego.
Conforme lo vayan haciendo, conforme los agregados psíquicos se vayan pulverizando, la Conciencia, la Esencia embotellada entre los mismos se irá emancipándose. Ése es el camino para cristalizar en nosotros eso que se llama “Alma”.
Habrán de pasar ustedes, todos, por grandes crisis morales. No es esto cuestión de mero intelecto, no. No se trata de simple demagogia, ni de vana palabrería insubstancial de charla ambigua, ¡no! Repito lo que ya dije, aunque me haga cansón: Que “si el agua no hierve a cien grados, no se cocina lo que tiene que cocinarse y no se desintegra lo que tiene que desintegrarse”. Así, sí no pasamos por espantosas crisis emocionales, no se desintegran esos Yoes.
Cuando descubrí, precisamente, el Yo del amor propio, que muy escondido estaba entre los repliegues más profundos de mi psiquis, sentí gran dolor, hube de pasar por gran crisis emocional (sufrí mucho, y mucho, y me arrepentí en verdad. Entonces conseguí que Devi-Kundalini Shakti, pulverizara tal elementos indeseables).
Y cuando descubrí que había, por ahí, un demonio bien perverso que sentía ira, y que venía de tiempos muy antiguos, sufrí lo indecible, pasé por horribles crisis emocionales, sentí vergüenza de mí mismo, conseguí que Devi-Kundalini Shakti pulverizara tal elemento psíquico abominable…
Así pues, no se escapen; los elementos indeseables los encontraran ustedes en el terreno de la vida práctica. Todo lo que se necesita es estar alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra.
Estamos hablando, sí, estamos hablando pero, tal vez, ¿qué palabras estoy diciendo? Así tenemos que estar, alertas con nuestras palabras.
¿Tenemos emoción? Sí tenemos; ¿qué clase de emociones? Tal vez nos estamos emocionado por algún “Tango”, o nos den ganas de cantar las canciones de Carlos Gardel…
¿Qué clase de emociones tenemos? ¿Son buenas, o malas? ¿Serán emociones altas, o emociones simplemente inferiores? Eso de salir de una fiesta, pues, movidos por emociones inferiores, bailando algo meramente profano, ¿qué está indicando?
De manera que en los hechos de la vida práctica debemos descubrirnos. Las emociones inferiores acusan, indican Yoes emocionalmente, inferiores, que hay que desintegrar. Si nosotros no extirpamos, no hacemos sangrar (con el cuchillo de la autocrítica) las emociones inferiores, no será posible que se desarrolle en nosotros el centro emocional superior, que tan necesario es, precisamente, para recibir los mensajes que vienen de los Mundos Superiores.
Así que es en la vida donde debemos Autodescubrirnos. Tenemos que estar acechando nuestras propias palabras, nuestros propios pensamientos, nuestras propias ideas…
¿Qué de pronto llega a la Mente un pensamiento lujurioso, una escena morbosa? ¿Ustedes creen va a llegar “así porque sí”? ¿Qué indica eso? No hay duda de que tras de ese “cine” nefasto de la Mente, tras esa procesión de formas morbosas, algún Yo de lujuria está en actividad.
Sí, hay Yoes de lujuria que se apoderan de los “rollos” esos que cargamos en el cerebro, “rollos” de recuerdos, de formas pasionarias en nosotros. El Ego proyecta el cine, proyecta tales “rollos” sobre la pantalla del entendimiento. Si uno se identifica con esas escenas morbosas, fortifica también a tales Yoes.
Así que si en un instante de esos, somos asaltados por pensamientos de esta clase, se hace indispensable invocar a la Divina Shakti-Kundalini, para que con su Flamígero Poder extraordinario, reduzca a polvo a tal Yo.
Si no procedemos así, si antes bien nos identificamos con el mismo, si las escenas de lujuria nos encantan, entonces, en vez de ser disuelto tal Yo, se fortificará extraordinariamente.
Cada uno de nosotros tiene su Conciencia embotellada entre todos esos “personajes” de los distintos dramas, comedias y tragedias de la vida; cada uno de nosotros tiene la Conciencia embotellada entre los Egos. ¡Pues reduzcamos esos Egos a polvo, y la Conciencia será libre! Una conciencia libre, es una Conciencia Iluminada; es una Conciencia que puede ver, oír, tocar y palpar las grandes realidades de los Mundos Superiores; es una Conciencia Omnisciente y Divinal.
El día que ustedes hayan aniquilado el Ego en su totalidad, lo último que deberán aniquilar será, ¿qué? Los gérmenes del ego. Muerto el Ego, quedan los gérmenes, que son terriblemente malignos. Estos gérmenes también deben ser desintegrados, reducidos a cenizas…
Necesitamos tomar posesión de sí mismos, si es que queremos ser Reyes y Sacerdotes de la Naturaleza, según el Orden de Melquisedec. Y no podríamos tomar posesión de sí mismos, en tanto continuara la Conciencia embutida entre los diversos elementos indeseables de la psiquis.
La Conciencia que ha tomado posesión de sí misma, es una Conciencia libre; una Conciencia que ha tomado posesión de sí misma, es admitida en la Orden de Melquisedec; es una Conciencia Omnisciente, iluminada, perfecta; y eso es lo que nosotros necesitamos.
El día que ustedes hayan tomado, dijéramos, conciencia iluminada, el día que ustedes se hayan hecho libres de verdad, ese día también habrán cristalizado eso que se llama “Alma”, serán todo Alma; hasta su cuerpo físico se volverá Alma; estarán cargados de Atributos y Poderes Cósmicos (Poderes que Divinizan)…
Les he enseñado hoy, pues, una didáctica práctica, a través de una dialéctica definitiva, y en este preciso instante vamos a entrar en meditación. Pero antes, es necesario saber sobre qué vamos a trabajar; de lo contrario, no tendría sentido lo que vamos a hacer.
Como quiera que pienso que ustedes son personas que luchan por el Autodescubrimiento, es obvio que estarán trabajando sobre tal o cual error psicológico…
¿Hay alguno de ustedes que todavía no sepa sobre qué va a trabajar? ¿Es posible que exista aquí, en este grupo, algún hermano que no esté ocupado en desintegrar algún defecto? Si así fuere, me gustaría conocerlo.

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